Nota realizada en setiembre 2018

Con seis años en la pantalla de Montecarlo TV y varios programas de televisión en su haber, Vespertinas, el programa que co-conduce en la tarde, consagra a Sofía Rodríguez como una de las figuras del canal.

“En realidad, ¿vos quién sos? ¿Qué hiciste?”, esa es la pregunta que se hace Sofía Rodríguez. Es una conversación de ella consigo misma. Casi como si le hablara al reflejo del espejo. Es un cable a tierra. Y va la respuesta: “No sos más que nadie, no sos menos que nadie. Sos una persona que labura en lo que le gusta y que da la casualidad que trabaja en un medio de comunicación que es masivo y que por eso resulta que la gente te reconoce, pero en sí, sos lo mismo. Punto”.

Sofía Rodríguez busca mantener los pies en la tierra. Ya van casi ocho años de televisión. Un pasaje rápido por Día perfecto en Canal 12, luego en Montecarlo TV vino Algo Contigo, Maybelline Model, Buen Día Uruguay y desde este año Vespertinas. Ahora es necesario mirarse al espejo y tener los pies en la tierra, porque “los medios marean mucho y yo trabajo desde hace muchos años en esto”.

Para Sofía, los pies en la tierra es respetar su esencia, reconocerse a ella misma ahora, reconocerse a ella misma en treinta años, cuando en un baúl se encuentre con esta entrevista. “Yo lo único que quiero es que el día de mañana, cuando me vea en esta revista sea la misma persona, me reconozca en esa persona con arrugas y con canas”, afirma.

Por eso no espera el reconocimiento en la calle, la fama, los seguidores en Instagram. “Cada cual espera lo que espera, pero si yo estuviera esperando todo eso no me gustaría esa persona en la que me convertí. Tengo que estar contenta con lo que hago y orgullosa de mí misma. No de las expectativas o de lo que la gente proyecte en mi, porque de eso no me puedo hacer cargo, porque un día te levantan y otro te vapulean. Entonces eso no depende de mí y no es importante”.

Paso a paso

Lo que sí es importante es una trayectoria construida paso a paso, pensada y diseñada. Como una gran pieza de vestuario, como el mejor look. Tejida decisión tras decisión, elegida con esa mezcla particular de certeza e intuición con la que se eligen las prendas destinadas a conservarse en el armario varias temporadas, esas prendas predilectas que ingresan como caballos de batalla a la faena de ropa diaria, pero pronto se destacan por la belleza de su calce, por su versatilidad, por su magia. Y entonces se descubren destinadas a pervivir: son clásicos.

“Me acuerdo que hubo un momento en que estaba en facultad y miraba Intrusos y veía aparecer personajes de repente un verano y eran la vedette de año. Pero después no las conocía nadie. Cada cual hace lo que le hace feliz y busca su manera, hace lo mejor que puede con el criterio que tiene”, explica Sofía sobre la motivación detrás de sus decisiones. “Pero yo no quería estar en la cresta de la ola y que en dos minutos que nadie supiera quién soy o qué hice y en qué me desempeño. Buscaba otra cosa. Hasta el día de hoy me imagino trabajando de veterana en lo que me gusta. No te digo con 70 años, pero sí con una trayectoria. Entonces, si mi objetivo es ese, de la otra forma no lo iba a lograr”.

La otra forma es el éxito rápido, el todo ya, ser de la noche a la mañana una mega estrella, tener millones de seguidores en redes sociales en cuestión de días. Esa es una lógica que  no le va. “Es efímero, el éxito se diluye si no tiene sustancia y consistencia. Se diluye y se escapa, y no marcha de la forma que me gustaría”.

Es que Sofía viene construyendo su trayectoria en esas conversaciones consigo misma, con su espejo, que le ponen los pies en la tierra y que le marcan un camino de decisiones coherentes con ella misma. No se trata de un plan premeditado y cronometrado, porque también hay un pulso de improvisación. Pero junto a ese pulso hay determinación.

“Me ha pasado mucho que la vida me ha sorprendido, pero cuando me pone las cosas delante, pienso en qué elegir de lo que me da. Todo lo que elijo tiene un objetivo y un por qué. No es que agarro lo que venga porque puedo. No es la forma en la que he pensado mi carrera”.

Esa visión de esa carrera empezó hace muchos años, cuando todavía era niña. “Nunca hubo opción. Desde chica consumí mucha radio y televisión, al principio entretenimiento y ya más grande periodismo. Era preadolescente y me acuerdo que veía Causa Común con María Laura Santillán. Podía mirarlo horas, para mí era lo máximo y soñaba con estar sentada ahí. Cuando empezó el cable, veía CNN y pensaba en ser presentadora de noticias. Hoy no es lo que me gustaría hacer, pero en ese momento veía a esas mujeres presentando noticias y era lo máximo. Siempre me atrajo la comunicación y el periodismo. No paraba de ver medios y consumirlos, era casi obsesivo. Me imaginaba ahí, era mi lugar”.

“Yo no quería estar en la cresta de la ola y que en dos minutos que nadie supiera quién soy o qué hice y en qué me desempeño”.

Un test de orientación vocacional lo confirmó: no había opción. Después Sofía descubrió un linaje de periodistas y personas dedicadas a los medios en su familia, por el lado de su madre en República Dominicana. “Venía de sangre”, argumenta.

“Me acuerdo cuando dije en casa que iba a trabajar en Comunicación. Mi madre me decía  ‘¿Por qué no estudiás Derecho y como segunda carrera Comunicación?’. A veces pienso que le tendría que haber hecho caso porque el laburo del comunicador tiene su parte ingrata. Es inestable, un día estás y al otro día no, y un día le encantás a la gente y otro decide que no servís más para esto y estás afuera y suerte en pila. Cuando la cosa está inestable pienso en lo que decía mi madre. Pero después, cuando estoy trabajando, me doy cuenta que mi vocación es esta. Y ahí lo valoro”, cuenta.

Es fácil suponer que esos momentos de vacilación ocurrieron cuando renunció a Radio Sarandí, donde fue productora de Viva la Tarde o cuando por un cambio en el perfil de Día Perfecto levantaron el segmento de información cultural con el que participaba en el programa. Más allá de esos momentos, los sinsabores que pueda haber tenido, los obstáculos en el camino, Sofía no está segura de que le haya costado tanto convertirse en figura de televisión. “No sé si me ha costado, si voy para atrás, comparado con otras personas de la televisión, yo no hace tantos años que estoy en esto. Hace tiempo sí, son ocho años, es pila, pero en este país hay gente que hace 30 años que está en TV”.

De nuevo aparece en la conversación la lógica del éxito fácil, rápido, efímero. Eso sabe que no le va. “¿Y vos preguntás si me costó?”, reflexiona. “Sí, en Uruguay todo cuesta, a todo el mundo le cuesta. Al trabajador, a la clase media todo le cuesta. Nadie tiene nada regalado y más si te hacés un camino solo al andar. Capaz si tenés gente conocida y vas tocando contactos la tenés más fácil. Yo siempre quise abrir mi camino, que tomen mi trabajo porque soy buena en eso. Ese camino es más largo”.

She’s got the look 

“¡Cuando era chica, éramos cuatro mujeres viviendo en una casa en Pocitos no sabés la cantidad de bombachas que había!”, recuerda y se ríe. “Mi mamá siempre está impecablemente vestida. De joven no tenía plata para comprarse la ropa de moda, lo que hacía era comprar telas y se mandaba a hacer trajes en una modista por mucha menos plata de lo que salían en una tienda.. Me acuerdo que le decían que era una mujer muy elegante. Yo de chiquita lo único que quería era ser una mujer elegante. Y me preguntaba, ¿elegante se nace o se hace?”, recuerda.

La respuesta a la pregunta no la obtuvo. Pero sí se convirtió en lo que de chiquita tanto deseaba: ser una mujer muy elegante. La confirmación de ese status llegó apenas hace unos meses, de casualidad de la mano de su amigo y vestuarista Juan Pablo Rivero, y sin que su interlocutor sospechara la importancia cabal de ese comentario al pasar que podía parecer hasta trivial.

“Hace unas semanas estaba con Juanpi mirando una prenda que me tenía que poner y le dije que me iba a quedar ordinario. Y Juanpi me dijo: ‘Ay, amiga, vos te pongas lo que te pongas sos demasiado elegante para eso’. Que me dijera eso fue impresionante. Yo no sé si me lo veo. ¿Lo logré?”

Definitivamente sí. Pero no es casualidad. De la mano de la herencia materna y del talento natural hay esfuerzo, tiempo y dedicación. Hay una evolución. “Yo me pongo a ver fotos para atrás y ha habido un cambio interesante, es parte de una evolución profesional. Es fundamental”, confiesa.

Sofía no era una fashion victim. Le gustaba la ropa, sí. Un buen tapado, un jean fiel y duradero, un par de zapatos elegantes y finos. Pero hasta Maybelline Model era una outsider del mundo de la moda. Ese fue su punto de inflexión.

En Uruguay todo cuesta, a todo el mundo le cuesta. Al trabajador, a la clase media todo le cuesta. Nadie tiene nada regalado y más si te hacés un camino solo al andar”.

“El programa me ayudó a entender lo importante que es la imagen como forma de comunicación en mi trabajo. Si bien a mí siempre me importó ese tema, con el programa se profundizó”, comenta. La inversión en vestuario y en un equipo de imagen que la asesora -Juan Pablo Rivero en vestuario, Nico Pintos en peluquería y Leonel Aita Musi en maquillaje- fue parte de una apuesta: crear la identidad televisiva de Sofia.  Esa identidad es un contínuo que se traslada a cada una de los programas.

La televisión es exigente. Dejando de lado la producción de contenidos, también implica pruebas de vestuario para el canal, pruebas de zapatos, prueba de vestuarios para eventos, dermatología, peluquería, etc. También el cuidado del cuerpo: alimentación y gimnasio. Y ahora brackets. Cuidar su cuerpo no fue un requisito televisivo, sino más bien la voluntad de cuidarse a ella misma. Pero el cambio fue favorable a su carrera.

“No digo que me empezó a ir mejor, pero hubo gente que me empezó a mirar u observar de otra forma. Todo se dio en un momento en el que yo empecé a trabajar mucho con la imagen y empecé a hacer dieta. Estaba más flaca, iba al gimnasio, contraté a alguien para el vestuario, como comía sano tenía el pelo divino y me cambió la piel. Y fue el combo. Me empecé a sentir mejor y eso se trasluce”, cuenta.

Tardes vespertinas 

Las tardes en Montecarlo TV se llenan de carcajadas y tacones que van y vienen. En el vestuario, las mochilas semiabiertas y los vaqueros dados vuelta son testigos de las charlas delante del espejo, mientras se hacen los últimos retoques antes de salir al aire. Hoy Valeria Tanco con los ojos brillantes de entusiasmo habla de un informe que preparó sobre Cristina Morán. En esta dinámica donde se presta el maquillaje y los cepillos, se comparte el día a día y las productoras ofrecen abrazos, la camaradería genera una atmósfera de cuarto de hermanas. Una dinámica donde Sofía se siente cómoda y distendida.

Desde abril Sofía co-conduce Vespertinas, un magazine de la tarde donde comparte pantalla con Adriana Da Silva, Valeria Tanco e Inés Pereyra. La idea del programa estaba en el tintero desde hacía años. “Hace mucho tiempo que tenía la idea de hacer un programa para la tarde, siempre me gustó el formato de talk show de la tarde donde se pueden mezclar temas. En Uruguay está todo muy segmentado y parece que si hablás de una cosa, no podés hablar de otra. Y la vida no es así”.

En 2017 las necesidades de programación uruguaya de Montecarlo TV se alinearon con su idea y con elementos de otra idea planteada por Andrea Pozzolo, productora ejecutiva del programa. Por ese entonces, Sofía estaba en Maybelline Model y Algo Contigo. Entonces la gerencia le propuso hacer la suplencia de Soledad Ortega en Buen Día Uruguay.

“No podía hacer la suplencia, estar en Algo Contigo, tener Maybelline Model, primero porque no me da el físico y segundo porque la gente se cansa de mí. Era un desgaste de la imagen muy grande. A mí me pasa que si veo que se repite mucho la misma figura no quiero verla más porque ya escuché todo lo que tenía que escuchar. Me parecía que le hacía daño a mi imagen profesional y también al canal”, recuerda.

A veces subo a Instagram una foto y que me digan ‘’Qué mujer elegante’ me impresiona, yo no sé si me lo veo. ¿Lo logré? ¿Será que eso que pensaba cuando era chica de mamá me está pasando a mí?”

Así Sofía dejó Algo Contigo y tras finalizar la suplencia, planteó nuevamente la idea. “Ahí se ensamblaron las cosas y empezamos a trabajar”, comenta. “Armar Vespertinas fue un parto largo, como de nueve meses”. Se refiere al proceso creativo y de producción, pensado y armado para que cada aspecto del programa tenga su razón de ser. Tras eso llegó el momento de seleccionar a las tres vespertinas que faltaban.

“Empezamos a hacer ese juego de roles, de química, porque en un programa así es súper importante tener química entre las conductoras. Buscábamos cuatro mujeres con roles diferentes, que cada una aporte una visión distinta y ahí empezamos. Lo que queríamos era abarcar la mayor cantidad de edades y de personas del otro lado de la pantalla”, comenta sobre la estrategia de casting que determinó la elección del cuarteto.

“Fue un proceso largo pero muy necesario. Estuvo bueno que el programa madurara. Creo que en parte nos va bien por eso, porque se trasluce. Incluso está bueno hasta porque nos conocemos los puntos de vista y si tenemos que tertuliar de algún tema tenemos opiniones diferentes y aunque coincidamos capaz que coincidimos desde lugares diferentes”.

Stop

Sofía anda por la ciudad apurada. Siempre la corre algo en la agenda. Baja el vidrio de la ventana, mira el celular, fuma, responde y maneja. El multitasking es parte de su vida. Un ritmo que se nota que disfruta. “Esto me estimula”, dice. “Por suerte, tengo la flexibilidad de armarme mi agenda. Es lindo porque siempre es distinto, cada día es una sorpresa, eso me gusta”.

La producción del programa arranca a las 9 am todos los días por WhatsApp, para definir lo que va a salir en el bloque de actualidad. “Implica una movida que mucha gente no dimensiona. Todo es parte de una preparación grande de un programa de las 16 hs de la tarde pero que arrancamos en la mañana”. Después hay producción de informes, grabación de informes, reuniones de producción individuales y grupales.

Y eso sin hablar de los informes para Buen Día Uruguay, las producciones de fotos, los eventos, grabaciones de copetes para la radio. Una agenda que se llena de actividades de todo tipo y color y que mantienen a Sofía en un ritmo full time. ”¡Ah, y además hay que pensar qué hacer en redes!”, agrega.

La jovialidad, la impulsividad, ese andar inquieto, el tono alegre. Todo eso se detiene en esta puerta. Esta callecita corta y tranquila en el corazón del Parque Rodó es un inusual preámbulo. Atrás de la puerta hay una casa elegante como ella. Pisos oscuros, paredes blancas, muebles de madera, luces cálidas. Una hermosa puerta de hierro y vidrio que da hacia un patio iluminado con guirnaldas de luces. Elegancia y premeditación, al igual que Sofía. Aquí vive junto a su esposo, el periodista Leandro Gómez, productor de la edición central de Telemundo. Hace 10 años que están casados, 13 que están juntos.

“Nos conocimos cuando los dos trabajábamos como productores en Radio Sarandí”, recuerda. “Está buenísimo porque hay cosas que no hay que explicar, te entendés y hay dilemas del trabajo cotidiano donde hablamos el mismo idioma. Eso hace más simple un montón de cosas. Lo no tan bueno es que siempre estamos conectados y eso es agotador”.

Con su orden perfecto, su pulcritud, esta casa es el resguardo perfecto para una pareja de periodistas. El caos, el desorden del mundo están afuera. Adentro la comodidad se mezcla con un estilo implacable.“¡Ya le dije a Leandro que de esta casa me saca con las dos patas para afuera!”.

CRÉDITOS

Texto: Ximena Alemán
Producción: Vero Eirin
Fotos: Daniel Maidana
Agradecimiento: Renner